Nota biográfica

G.A. Bécquer nació en Sevilla el 17 de febrero de 1836, el quinto de ocho hijos. A los dieciocho años, en 1854 se fue a vivir a Madrid, pero siempre añoró a su ciudad natal. En la capital empezó su carrera de escritor, y fueron unos años difíciles. Su obra apareció en diarios y revistas, como "El Contemporáneo", "El Museo Universal", y "La Ilustración de Madrid", del cual llegó a ser director literario. Su salud era muy endeble, y en 1858 sufrió una grave enfermedad. Falleció en Madrid el 22 de diciembre de 1870 a los treinta y cuatro años
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Tomado de: http://www.gksdesign.com/atotos/becquer.htm

Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer
Introducción

Bécquer, poeta de las ninfas, de las sombras, del “espíritu sin nombre”, de las “oscuras golondrinas”,  del “himno gigante y extraño“, de la melancolia.  Este ha sido el poeta, que desde niña, me abrió las alas de la inspiración, el camino de los sueños, el mundo de las rimas y los versos.  El poeta amigo de mi alma. A continuación algunos datos biográficos sobre este poeta:

Mariana Ramos
Estas son algunas de aquellas rimas que dejaron hondas huellas en mi alma golondrina, 
en este pequeño tributo  que le ofrezco.
Rima I

Yo sé un himno gigante
    y extraño
que anuncia en la noche
    del alma una aurora,
y estas páginas son de ese himno
cadencias que el aire
    dilata en las sombras.


Yo quisiera escribirle, del hombre
domando el rebelde mezquino idïoma,
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.


Pero en vano es luchar,
que no hay cifra
capaz de encerrarle;
y apenas, ¡oh hermosa!,
si, teniendo en mis manos las tuyas,
pudiera, al oído, cantártelo a solas.
.
Rima II

Saeta que voladora
cruza, arrojada al azar,
y que no se sabe dónde
    temblando se clavará;
hoja que del árbol seca
arrebata el vendaval,
sin que nadie acierte el surco
donde al polvo volverá;
gigante ola que el viento
riza y empuja en el mar,
y rueda y pasa, y se ignora
que playa buscando va;
luz que en cercos temblorosos
brilla, próxima a expirar,
y que no se sabe de ellos
cuál el último será;
eso soy yo, que al acaso
cruzo el mundo sin pensar
de dónde vengo ni a dónde
mis pasos me llevarán.

Rima III

Sacudimiento extraño
que agita las ideas,
como huracán que empuja
las olas en tropel;
Murmullo que en el alma
se eleva y va creciendo,
como volcán que sordo
anuncia que va a arder;
Deformes silüetas
de seres imposibles;
paisajes que aparecen
como al través se un tul;
Colores que fundiéndose
remedan en el aire
los átomos del iris
que nadan en la luz;
Ideas sin palabras,
palabras sin sentido;
cadencias que no tienen
ni ritmo ni compás;
Memorias y deseos
de cosas que no existen;
accessos de alegría,
impulsos de llorar;
Actividad nerviosa
que no halla en qué emplearse;
sin riendas que le guíe
caballo volador;
Locura que el espíritu
exalta y desfallece;
embriaguez divina
del genio creador...
Tal es la inspiración.
****
Gigante voz que el caos
ordena en el cerebro
y entre las sombras hace
la luz aparecer;
Brillante rienda de oro
que poderosa enfrena
la exaltada mente
el volador corcel;
Hilo de luz que en haces
los pensamientos ata;
sol que las nubes rompe
y toca en el zenit;
Inteligente mano
que un collar de perlas
consigue las indóciles
palabras reünir;
Armonïoso ritmo
que con cadencia y número
las fugitivas notas
encierra en el compás;
Cincel que el bloque muerde
la estatua modelando,
y la belleza plástica
añade a la ideal;
Atmósfera en que giran
con orden las ideas,
cual atómos que agrupa
recóndita atracción;
Raudal en cuyas ondas
su sed la fiebre apaga;
oasis que al espiritu
devuelve su vigor...
Tal es nuestra razón.
****
Con ambas siempre en lucha,
y de ambas vencedor,
tan sólo al genio es dado
a un yugo atar las dos.

Rima .XI

- Yo soy  ardiente, yo soy morena,
yo soy el símbolo de la pasión;
de ansia de goces mi alma está llena;
¿A mí me buscas?
                   -No es a ti, no.

- Mi frente es pálida, mis trenzas de oro;
puedo brindarte dichas sin fin;
yo de ternura guardo un tesoro:
¿ A mí me llamas?
                    -No, no es a tí.

- Yo soy un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y de luz;
soy incorpórea, soy intangible;
no puedo amarte.
                     -¡Oh, ven, ven tú!

Rima XV

Cendal flotantee de leve bruma,
rizada cinta de blanca espuma,
rumor sonoro de arpa de oro,
beso del aura, onda de luz:
eso eres tú.

Tú, sombra aérea, que cuantas veces
voy a tocarte, te desvaneces
¡como la llama, como el sonido,
como la niebla, como el gemido
del lago azul!

En mar sin playas onda sonante,
en el vacío cometa errante,
largo lamento del ronco viento,
ansia perpetua de algo mejor:
eso soy yo.

  Yo, que a tus ojos, en mi agonía,
  los ojos vuelvo de noche y de día;
  yo, que incansable corro, y demente,
¡tras una sombra, tras la hija ardiente
  de una visión!
                                                   

Rima .XVII


Hoy la tierra y los cielos me sonríen,

hoy llega al fondo de mi alma el sol,

hoy la he visto...La he visto y me ha mirado...

                   ¡Hoy creo en Dios!


CRima XXI


- ¿ Qué es poesía?, dices mientras clavas

en mi pupila tu pupila azul.

¿ Qué es poesía? ¿ Y tú me lo preguntas?

                   Poesía... eres tú.

Rima  XXIII


Por una mirada, un mundo;

por una sonrisa, un cielo;

por un beso... ¡Yo no sé

qué te diera por un beso!


Rima XXXVIII

Los suspiros son aire, y van al aire.
Las lágrimas son agua, y van al mar.
Dime, mujer, cuando el amor se olvida,
           ¿ sabes tú adónde va ?

Rima .LII


Olas gigantes que os rompéis bramando
en las playas desiertas y  remotas,
envuelto entre la sábana de espumas,
         ¡llevadme con vosotras!

Ráfagas de huracán que arrebatáis
del alto bosque las marchitas hojas,
arrastrado en el ciego torbellino,
           ¡llevadme con vosotras!

Nubes de tempestad que rompe el rayo
y en fuego enciende las sangrientas orlas,
arrebatado entre la niebla oscura,
           ¡llevadme con vosotras!

Llevadme, por piedad, a donde el vértigo
con la razón me arranque la memoria.
¡Por piedad!  ¡Tengo miedo de quedarme
               con mi dolor a solas!

Rima LIII


Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala
a sus cristales jugando llamarán.

Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y  mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres... ¡ésas... no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y  otra vez a la tarde
aún  más hermosas
sus flores se habrirán.

Pero aquellas, cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día...
¡ésas... no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar,
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.

Pero mudo  y  absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido...; desengañate,
¡así... no te querrán!


Rima LVI

Hoy como ayer, mañana como hoy,
              ¡y siempre igual!
Un cielo gris, un horizonte eterno
               y andar... andar.

Moviéndose a compás,
como una estúpida
               máquina, el corazón.
La torpe inteligencia del cerebro,
               dormida en un rincón.

El alma, que ambiciona un paraíso,
                   buscándole sin fe,
fatiga sin objeto, ola que rueda
                   ignorando   por qúe.

Voz que, incesante, con el mismo tono,
               canta el mismo cantar,
gota de agua monótona que cae
                       y cae, sin cesar.

Así van deslizándose lod días,
               unos de otros en pos,
hoy lo mismo que ayer...; y todos ellos,
                       sin gozo ni dolor.

¡Ay,  a veces me acuerdo suspirando
                       del antiguo sufrir!
Amargo es el dolor,  ¡pero siquiera
                          padecer es vivir!


Rima .LX


Mi vida es un erïal,
flor que toco se deshoja;
que en mi camino fatal
alguien va sembrando el mal
para que yo lo recoja.
Rima .LXI


Al ver mis horas de fiebre
e insomnio lentas pasar,
a la orilla de mi lecho,
    ¿ quién se sentará?

Cuando la trémula mano
tienda, próximo a expirar,
buscando una mano amiga,
   ¿ quién la estrechará?

Cuando la muerte vidríe
de mis ojos el cristal,
mis párpados aún abiertos,
       ¿ quién los cerrará?

Cuando la campana suene
(si suena en mi funeral)
una oración al oírla
       ¿ quién murmurará ?

Cuando mis pálidos restos
oprima la tierra ya,
sobre la olvidada fosa,
   ¿ quién vendrá a llorar?

¿ Quién, en fin, al otro día,
cuando el sol vuelva a brillar,
de que pasé por el mundo,
¿ quién se acordará?


RIMA LXXV

¿ Será verdad que, cuando toca el sueño,
con sus dedos de rosa, nuestros ojos,
de la cárcel que habita huye el espíritu
               en vuelo presuroso?

¿ Será verdad que, huésped de las nieblas,
de la brisa nocturna al tenue soplo,
alado sube a la región vacía
           a encontrase con otros?

¿ Y allí desnudo de la humana forma,
allí los lazos terrenales rotos,
breves horas habita de la idea
           el mundo silencioso?

¿ Y ríe y llora y aborrece y ama
y guarda un rastro del dolor y el gozo,
semejante al que deja cuando cruza
           el cielo un meteoro?

Yo no sé si ese mundo de visiones
vive fuera o va dentro de nosotros.
Pero sé que conozco a muchas gentes
            a quienes no conozco.
En la imponente nave
del templo bizantino,
vi la gótica tumba a la indecisa
luz que temblaba en los pintados vidrios.

Las manos sobre el pecho,
y en las manos un libro,
una mujer hermosa reposaba
sobre la urna, del cincel prodigio.

Del cuerpo abandonado,
al dulce peso hundido,
cual si de blanda pluma y raso fuera,
se plegaba su lecho de granito.

De la sonrisa última
el resplandor divino
guardaba el rostro, como el cielo guarda
del sol que muere el rayo fugitivo.

Del cabezal de piedra
sentados en el filo,
dos ángeles, el dedo sobre el labio,
imponían silencio en el recinto.
RIMA LXXIII
  En las largas noches
del helado invierno,
cuando las maderas
crujir hace el viento
y azota los vidrios
el fuerte aguacero,
de la pobre niña
a veces me acuerdo.

   Allí cae la lluvia
con un son eterno;
allí la combate
el soplo del cierzo.
Del húmedo muro
tendido en el hueco,
¡ acaso de frío
se hielan sus huesos...!

 
¿ Vuelve el polvo al polvo?
¿Vuela el alma al cielo?
¿ Todo es [vil materia],
podredumbre y cieno?
No sé; pero hay algo
que explicar no puedo,
[que al par nos infunde
repugnancia y duelo,
al] dejar tan tristes,
tan solos los muertos!


  De la casa, en hombros,
lleváronla al templo
y en una capilla
dejaron el féretro.
Allí rodearon
sus pálidos restos
de amarillas velas
y de paños negros.

   Al dar de las Ánimas
el toque postrero,
acabó una vieja
sus últimos rezos;
cruzó la ancha nave,
las puertas gimieron,
y el santo recinto
quedóse desierto.

   De un reloj se oía
compasado el péndulo,
y de algunos cirios
el chisporreteo.
Tan medroso y triste,
tan oscuro y yerto,
todo se encontraba
que pensé un momento:

- ¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!

                 
  De la alta campana
la lengua de hierro
le dio volteando
su adiós lastimero.
El luto en las ropas,
amigos y deudos
cruzaron en fila
formando el cortejo.

   Del último asilo,
oscuro y estrecho,
abrió la piqueta
el nicho a un extremo.
Allí la acostaron,
tapiáronle luego
y con un saludo
despidióse el duelo.

   La piqueta al hombro
el sepulterero,
cantando entre dientes,
se perdío a lo lejos.
La noche se entraba,
[reinaba el silencio];
perdido en las sombras,
yo pensé un momento:

- ¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!

                
No parecía muerta;
de los arcos macizos
parecía dormir en la penumbra,
y que en sueños veía el paraíso.

Me acerqué de la nave
al ángulo sombrío
con el callado paso que llegamos
junto a la cuna donde duerme un niño.

La  contemplé un momento,
y aquel resplandor tibio,
aquel lecho de piedra que ofrecía
próximo al muro otro lugar vacío,

en el alma avivaron
la sed de lo infinito,
el ansia de esa vida de la muerte
para la que un instante son los siglos...

Cansado  del combate
en que luchando vivo,
alguna vez me acuerdo con envidia
de aquel rincón oscuro y escondido.

            De aquella muda y pálida
           mujer me acuerdo y digo:
- ¡ Oh, qué amor tan callado, el de la muerte!
¡ Qué sueño el del sepulcro, tan tranquilo!
RIMA LXXVI
   Cerraron sus ojos
que aún tenía abiertos,
taparon su cara
con un blanco lienzo,
y unos sollozando,
otros en silencio,
de la triste alcoba
todos se salieron.

   La luz que en un vaso
ardía en el suelo,
al muro arrojaba
la sombra del lecho;
y entre aquella sombra
veíase a intérvalos
dibujarse rígida
la forma del cuerpo.

   Despertaba el día,
y, a su albor primero,
con sus mil rüidos,
despertaba el pueblo.
Ante aquel contraste
de vida y misterio,
de luz y tinieblas,
yo pensé un momento:

- ¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!

                  

 
Rima V


Espiritu sin nombre,
indefinible esencia,
yo vivo con la vida
sin formas de la idea.

Yo nado en el vacío,
del sol tiemblo en la hoguera,
palpito entre las sombras
y floto con las nieblas.

Yo soy el fleco de oro
de la lejana estrella,
yo soy de la alta luna
la luz tibia y serena.

Yo soy la ardiente nube
que en el ocaso ondea,
yo soy del astro errante
la luminosa estela.

Yo soy nieve en las cumbres,
soy fuego en las arenas,
azul onda en los mares
y espuma en las riberas.

En el laúd, soy nota,
perfume en la violeta,
fugaz llama en las tumbas
y en las ruinas, yedra.

Yo atrueno en el torrente
y silbo en la centella,
y ciego en el relámpago
y rujo en la tormenta.

Yo río en los alcores,
susurro en la alta yerba,
suspiro en la onda pura,
y lloro en la hoja seca.
Yo ondulo con los átomos
del humo que se eleva
y al cielo lento sube
en espiral inmensa.
Yo, en los dorados hilos
que los insectos cuelgan,
me mezco entre los árboles
en la ardorosa siesta.

Yo corro tras las ninfas
que, en la corriente fresca
del cristalino arroyo,
desnudas jugetean.

Yo, en las cavernas cóncavas
do el sol nunca penetra
mezclándome a los gnomos,
contemplo sus riquezas.

Yo busco de los siglos
las ya borradas huellas,
y sé de esos imperios
de que ni el nombre queda.

Yo sigo en raudo vértigo
los mundos que voltean,
y mi pupila abarca
la creación entera.

Yo sé de esas regiones
a do un rumor no llega,
y donde informes astros
de vida un soplo esperan.

Yo soy sobre el abismo
el puente que atraviesa,
yo soy la ignota escala
que el cielo une a la tierra.

Yo soy el invisible
anillo que sujeta
el mundo de la forma
al mundo de la idea.

Yo, en fin, soy ese espíritu,
desconocida esencia,
perfume misterioso
de que es vaso el poeta.