La palabra


Aquí estoy, en la pantalla de tu computadora,
sobre el fondo blanco, escrita en  tinta negra,
saltando poco a poco del teclado,
que tus dedos hábilmente golpean.

Soy la misma, la de siempre,
la de muchos años, la que advierte,
la que avisa, la que a veces hiere,
la que no se rinde, la que atiende.
Soy aquella que tu lápiz descubrió,
la misma que sacudió tu mente,
aquella que borraste muchas veces,
la que en tus días escolares
en algún rincón de aquellas tardes
se escapó sin permiso de tu mente, 
sólo que esta vez: 
¡ni pluma, ni lápiz,  ni papel!
desde el teclado mágico tus dedos,
me sacuden definidas de una vez;

pero soy la misma, la que alerta,
la que alienta al alma,
la que abriga los suspiros,
la que calma al corazón.
Aquella que transformó tu voz,
la que recogió tus luceros y tus lunas,
aquella que tu aliento murmuró,
la que despertó tus sueños
la misma que te habló de DIOS.
La que comentó tus dudas y temores
la que siempre  en ti se derramó.

Soy la misma, la invencible
aquella que los salmos te narró,
la del Cantar de los Cantares
¡primeros versos de tu inspiración!,
la que sabia y con prudencia
los Provervios te cantó,
la de Rimas y Leyendas,
la que cultivó tu voz,
la misma en que  tu espíritu
felizmente se regocijó.
Soy la que combate,
la que marcha, la que se alza
la que grita sin hablar,
la que hiere tu garganta,
la que avanza y no se cansa,
la que es fe, amor y esperanza,
la que acompañó tus caminos,
la que contó de tus andanzas,
y tambien la que expresó
tu dolor y aquellas lágrimas;
la que te arrancó del alma
la tristeza y las ansias,
la que te narró mil muertes
(mil muertes que son vida)
la firme y decidida,
la que se fingió una vez dormida
para sobrevivir la renunciada huida.
Aquella que presintió memorias
que desfilaron en tu mente,
la que atrapó recuerdos,
la que altiva, ¡aún presiente!
la que nombró los nombres
de la vida y de la muerte,
la que describió la isla:
trópico, brisa y mar,
fruta, aroma y semilla.
la misma que rindió
honores a  sus playas
(a Boriken, isla ancha).

Soy LA PALABRA
que corre por tus venas,
que llega hasta tu sien
y desafía los misterios;
la que desgarra los silencios
que se impregnan en tu piel,
que sacude los tesoros
más brillantes del saber;
la que compone frase a frase,
en armonía, ritmo y placer
oraciones que rimadas,
son poesía hoy y ayer.

Soy tu palabra descubierta,
la que siempre en tu niñez,
acunó tus horas solitarias.
La que siempre ha sido fiel,
la que nunca te abandona
y que en sí misma te nombra:
poeta con tinta, lápiz o papel
y también ahora, artífice y creadora
porque retas a la técnica avanzada
de la estática pantalla
que reemplaza los borrones
que ayer hacías en papel.
Pero yo soy la misma,
la que siente, la que piensa,
la que late, la que reclama,
la que nunca cambia.
Soy la Palabra que define
tu razón, pasión y  querer.
La Palabra que no muere,
¡Infinita voz y verbo fiel!



autor:  Miriam Ramos
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