Las nueve musas
En el tiempo de los dioses,
los mortales de la tierra
y los héroes que luchaban
en los campos de batallas;
erán compensados
con tributos que los dioses
otorgabánles a cambio,
de ofrendas y plegarias .
Un día de la primavera,
nueve jovenes hermosas,
entraron pues al templo
de la diosa Palas Atenea.
Estaban ellas enojadas,
con la dulce y bella
Afrodita, diosa del amor;
pues aunque bien
habían ellas ofrecido,
ricos dones como ofrendas,
a la diosa de los ojos dulces,
para que las complaciera,
y les rebelase los secretos,
del arte del amor,
y la seducción;
habían transcurrido ya
varios días de esa petición,
sin recibir respuesta alguna,
de la diosa del amor.
Por eso decidieron ellas
asistir al templo de Atenea,
diosa de la sabiduría,
las artes y oficios,
y también de la guerra
para implorar por la petición;
Estando ya todas reunidas
en el templo de la diosa
iniciaron ellas esta himno
como invocación:
“¡Oh, diosa Atenea,
la de ojos de lechuza,
escucha esta, nuestra
petición, somos nueve
hermanas, deseosas
de un ardiente amor,
hemos suplicadole a Afrodita,
nos conceda los secretos,
del arte de la seducción,
para enamorar y conquistar
algún valiente héroe,
que nos dé su corazón,
Te suplicamos, oh!,
gran diosa Atenea,
nos escuches y atiendas,
nos otorges el favor,
no seas de oido sordo
aquí están nuestras ofrendas,
oye pues, nuestra petición!
y diciendo esto:
colocaron frutas,
alhajas y buen vino,
sobre el altar de la diosa
deseando ser escuchadas.
Al momento una hermosa
lechuza blanca,
apareció volando
sobre el altar:
Era la diosa Atenea
quien se presentaba
en esa forma.
Y al instante les habló:
¿con que la hermosa Afrodita,
se ha hecho sorda
a vuestra petición?
Vosotras soís hermosas,
pero sin las artes
y secretos del amor,
que sólo ella posee
les será difícil conquistar,
guapos y valientes heroes,
o cualesquiera otros
jovenes mancebos,
que escojan para voz.”
“¿qué nos aconcejas?”
respondieron estas a viva voz!
“pues sólo puedo otorgar
a cada una de un preciado don,
para que brilleís por luz propia,
con talento y discreción,
que les será de gran ayuda,
en sus aires de conquista”,
la diosa respondió:
Las nueve hermanas
aceptaron lo que
la diosa les ofrecía:.
de inmediato la diosa Atenea,
que en forma de lechuza,
allí se apareció,
a cada una de ellas
llamándolas por sus nombres:
estos dones concedió:
A la primera Euterpe concedió:
el don del canto y de la música,
para festejar y entretener,
con una bella voz,
A la segunda: Caliope
el don de la poesía épica y heroica.
para narrar en versos
historias de heroes y batallas.
a la tercera hermana Clío
el don de la memoria y de la historia.
para registrar con datos y fechas,
los sucesos que acontecieran
en la metropolis/ciudad.
a la cuarta Erato, concedió:
el arte de la poesía lírica y amorosa.
para a todos los amantes
y poetas,
servir de inspiración
a la quinta Melpómene otorgó:
el arte de la tragedia,
para hacer llorar y reflexionar
a los mortales de la tierra
a la sexta hermana Polimnia concedió:
El arte de la pantomima.
y los cantos sagrados,
para deleitar a dioses y mortales,
con sabia discreción,
a la séptima joven Terpsícore otorgó:
el arte de la danza y baile.
para deleitar al ritmo,
y al compás del cuerpo,
a sabios y mortales,
a la octava hermana Talía
la diosa concedió:
el arte en la comedia.
para hacer reir,
a todos con amor,
y a la novena Urania, entonces
con prudencia concedió:
el arte de la astronomía:
para contar estrellas, luna y sol,
y nombrar del universo
a cada constelación.
Concluyó así la diosa Atenea,
concediéndoles a todas
un perfecto don
Las nueve hermanas,
entonces, comprendieron
de las artes y las ciencias
su incalculable valor,
y decidieron pues entonces,
Suplicar, una última petición:
“Estos dones son valiosos,
tanto como es el amor,
queremos compartirlos
con todos los mortales,
¿nos concedes el favor?,
La diosa Atenea,
que ya se había esfumado,
ataviada como diosa regresó
y les respondió:
“para eso, debeís de ser
deidades divinas,
y vosotras ya lo son”
Entonces les rebeló:
“vuestro padre es
el que amontona nubes
el gran Zeus, el Cronión,
hasta ahora viviaís
semi-inmortales,
pero ahora ya no.
Vosotras sois
las nueve musas preferidas,
de los dioses y mortales”
y al Olimpo de inmediato
para hacerle coro a Apolo
con ella las llevó.
Narran las leyendas
que la diosa Afrodita,
de este trato se enteró,
y enojándose con Atenea,
así la diosa se vengó:
“como estas deidades musas
habrán de otorgarle
a sabios y mortales,
los dones de la ciencia,
y artes del saber,
puede ser quizás
que un dia,
los secretos del amor,
logren conocer,
entonces, mandaré
a mi hijo Eros,
a que hiera con su flecha,
en el pecho
a todos los amantes,
sabios y mortales,
mancebos y doncellas,
antes que el amor,
llegue hasta sus puertas”.
dijo así Afrodita,
y Eros consintió.
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...y así ha ocurrido a través de todos los tiempo.
No importan los talentos de las artes y las ciencias,
relatos, danza, canto y poesía, que las musas
narren a tu oido, si Eros/Cupido,
no te hiere con su flecha,
el amor nunca llegará
a las puertas de tu corazón.
autor: Miriam R.
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