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Viaje al Núcleo del Silencio
Primera Jornada: Penumbras

Yo no sé cuando ni cómo ocurrió, pero se abochornó la vieja luna de una noche sin estrellas y el universo se inclinó ante mi. Fué un silencio cosmico y aterrador, toda obscuridad me hizo señas.  Yo estaba en la penumbra de un todo sin estrellas. el núcleo de la nada, giraba sobre mi…

Un rayo de luz indiferente, mezclaba su dominio, entre órbitas distantes alejándose de mi.  Es obvio el atentado de la obscuridad sin nombre, que hizo acongojar la luna, viajando en su horizonte gris.   …las estrellas galopaban a lo lejos..

Yo no sé cómo ni cuándo…el universo fue un silencio de sonámbula nostalgia, paseándose descalza sobre un tul de sueños equívocos y errantes, donde un mar de nubes negras, se apoderó de mi.

Y yo, trémula e hiriente, inabrazando el sol que huía, inútilmente, inútilmente…


Segunda Jornada: Sombras imprecisas

Se despedazó un montículo de rocas, adyacentes a un pozo sin fronteras y un glaciar de lunas blancas se fragmentó ante mí. Nuevamente parpadeaban las migajas del silencio…

Detrás de una cortina de humo, sollozaba una pupila gris. El cosmos transitaba un viaje apresurado, de equívocas esferas. Entonces, se corrompió la duda inexplicando absurdos de sombras que imprecisas rodaban entre sí.

Me cautivó la vieja luna, antigua y tan precisa, que convocaba estrellas auscultando  un porvenir.  Reparó con su presencia aquel cósmico silencio. Un breve instante el péndulo del tiempo, logró sobrevivir.


Tercera Jornada: El otro lado del silencio…

Una breve discordancia etérea, repleta de misterios coagulados, intrigó en su travesía aquella atmósfera febril; ocultó la luna blanca su agónica existencia.  Los cielos se ocultaron y se retrasó el augurio de lloviznas amarillas, que aguardaban su salida.

Muchas veces antes ya se habían encontrado, en otro tiempo, en otro lugar, en algún espacio blanco.  Pero esta vez, ¡esta insólita, única y primera vez!…un círculo giraba en cruces y de norte a sur se desgarró el cénit, sólo una breve porción de estrellas frágiles reintegró su porvenir.

El agujero del equívoco se asombró ante su exilio, esquivó el ojo inmenso que absorvía su distancia y marchó indiferente, sangrando en su mirada.


Cuarta Jornada: La Esfinge

Yo estaba ante el umbral de la propia inexistencia, (pensaba yo) si es que acaso el pensamiento respondía.  Se aferraron todos los edictos a una multitud de voces inapetentes y agotadas.

Inútil fue el intento de apresurar mi huida que se congeló al instante y al minuto ya era una serpiente de luz amanecida. La esfinge del silencio inició su travesía.  Cada cósmica mirada, hería su existencia, cada intervalo sin luna, raspaba su presencia. cada singular respiro, avisaba la conciencia. todos los embriones, nombrados y sin nombres, anunciaban su presencia. Era obvio, conspiró el ojo negro del abismo adyacente a su penumbra, contra la pupila azul de un mar de estrellas que reñía en su horizonte su más temida estela.

Se incorporó el letargo  No fue preciso que un aullido de campanas convocara la existencia estacionaria.  El eco de un suspiro transpiró muy lentamente detectando un vértigo de aromas y fragancias.

¿Y cómo prosiguió la huida?  Hábilmente se aferró al mutismo, rasgó su antigua huella, indiferente ante el oráculo y sin reclamos ni porfías, descansó su sombra etérea sobre un tul de sueños evocados. Se detuvo el tiempo aquel mínuto pálido, en aquel preciso instante, en que el núcleo del silencio comenzaba a levitarse.

Un misterio coagulado estalló en penumbras: sin palabras, sin sentido, sin tardes ni mañanas y un aura indefinible cautivó la mar en calma. Se desorbitó la luna, que entre esferas y burbujas hábilmente se alejaba.


Quinta Jornada: Levitación y polvo

Se repitió el eco de aquellas  voces no escuchadas, las destinadas al olvido, las que rasgaban la memoria; la memoria de un silencio que ascendía. ¿Para qué?, acaso era preciso una segunda escala de vivencia, ¿precisaba el insensible cohabitar, aferrarse a un laberinto blanco de incongruentes latitudes sin punto cardinal; qué cósmica secuencia, del otro lado del silencio, palpitaba sin cesar?

Ya no importaban las respuestas…el augurio concebía y el sol inmaculado rasgaba su inocencia.  Un espiral de nubes blancas elevó los residuos y migajas de un polvoriento amanecer, que en eras milenarias, atrasaba su descenso.

Entonces se culminó el destierro, y el exilio, el equívoco y la nada; la mismísima nada, auscultó su intransigencia; y el silencio y el olvido se cruzaron la mirada.  Se conmovió el hemisferio, repleto de migajas, de sombras inactivas, de esfinges solitarias, de embriones in-nombrados, siluetas apartadas, voces infringidas, perdidas y agobiadas, voces malheridas, insaciables y agotadas,  rasgos consumidos de estrellas orbitadas; y luego allí mismo, en el fondo de la nada, del núcleo del silencio, estalló La Llamarada.


Séxta Jornada: La llamarada

...y allí estaba ella, orbitando sin esquemas, ni parámetros, completamente sola y desnuda, haciéndose reflejo de sí misma, picoteando el agujero del silencio, ¡Pronunciando su llegada!  Ni un ojo universal de los tantos, la observaba.  Se erguía indiferente, tan propia de sí misma, mitigando furias reservadas.  Y así…flotando libremente, sabiendo su destino, absoluta y fecunda, se cubrió de formas varias: gaviotas y serpientes, pájaros sin alas, aves submarinas, legiones de guirnaldas, rosas seductivas, mariposas extasiadas; un mar de terciopelo y un resplandor en calma, crecía y se extinguía, sembrando madrugadas.  El oro de los vientos, anunciaba su llegada, el tul de su hemisferio, en voces se rasgaba…

Al fin, era de día, el comienzo, comenzaba; todas las penumbras que antes saludaban, invirtieron su presencia, en sombras ahuecadas, en sombras desnutridas que apenas bostezaban.

El bálsamo del tiempo restituyó la vida, danzaba libremente, justo a su medida.  La luna que en su frecuencia, viajaba adormecida, escapó de su agujero, estallando amanecida. Un sueño azul galáctico, se abalanzó apresurado sobre una cósmica silueta cubierta de estrellas iniciadas.


Fin de la Jornada e inicio de un destino

…de cómo se vistió de piel la luna…

Se incorporó de prisa, allí mismo, en el mismo centro del agujero blanco…en la misma cósmica frecuencia, sin longitudes ni parámetros.  La rodeaba un círculo de luces anaranjadas y amarillas. Quiso un nombre, antes de partir al primer viaje de su vida...y se nombró asimismo: luna-ninfa-piel-plateada,   ¿y por qué plateada?, porque era el blanco-gris que en su frente orbitaba. ¿y por qué ninfa?...porque una voz antigua, en el tiempo congelada, reclamó su exilio de luna en llamarada.

Después nació el mito o leyenda mal narrada, sobre una estrella luna que anunciaba su llegada.  No era que el destino proclamara su descenso, era que ella misma, se impulsaba en sus aciertos.  Acertó a distinguir el aura más perfecta, la singular belleza de un alma de poeta. Y la tomó al instante. Después sólo bastó ser: carne, hueso y sangre; fango, piedra y savia, luego un río transparente crecía a su alrededor.  Finalmente, la nueva luna se vio así misma desnuda y son ropajes.

Autor:  Miriam R.