Amor del pobre...
(la dama y el caballero)



Una tarde de verano
bajo un intenso sol
la visita de su ex-amante
una bella dama recibió.
Escuchen pues la
historia de lo que
aquella tarde
allí aconteció:


--¿A qué vienes?, dijo ella--
--a pedir perdón por mis afrentas,
mi abandono y mi traición—
contestóle el hombre
que una vez fuera de ella
el gran amor.



--¡ja!--burlóse ella
con descaro
y sus intenciones reprochó
Ella que un tiempo fuera
la más rica, la más noble
que su amor
un dia le entregó.
--conque a pedir perdón,
hombre infame,
a mi casa haz venido--
prosigió ella en su sarcasmo,
mientras muy feliz se abanicaba
sentada allí, en su balcón,
vestida en tul y con encajes
y un gran sombrero
de ala ancha adornado
en tela de satín.
--si mujer—
le dijo el hombre
ahora ante ella
casi arrodillado.



--pues sepa usted
mi ex–amante y compañero
que debiera a lo menos
el brindarme más de una
y mil razones;
que esta dama,
gran señora y de clase
se merece más respeto y
explicación—
dijo ella
sin dejar un minuto
muy feliz de abanicarse
y prosiguió:
--¿no fue usted con mis reales
quien muy bien se divirtió
que por días se perdía
sin dar una explicación?
Diga usted si alguna vez
esta dama que lo amaba
alguna vez le reprochó?
Yo le di todo mi cariño
(ejem..) y también
le di pasión,
de mi copa usted bebía
aquel vino del amor.--
seguía ella en
su respuesta.
--A usted, mi ex-amante
y compañero
nunca nada le faltó,
sin embargo, una noche
de repente usted
sin decir palabras
a esta dama abandonó.
¿a qué ahora este deseo
de querer pedir perdón?--
concluyó la dama
casi llena de furor.



El pobre hombre
así le contestó:
--escuche usted a este
que una vez la engañó:
era usted la gran dama
la más rica del salón,
yo fingí ser un caballero
que de usted se enamoró,
pero sólo fui un vil canalla
que de usted se aprovechó.
En verdad yo sólo era
el más pobre que nació.
y es verdad que la adulé
y engañé su corazón,
sólo por dinero
¡ese fue mi error!.--
decía el hombre casi llorando
a los pies de su ex-amor.



La gran dama escuchaba
su respuesta allí sentada
en el balcón.
--pero ¡qué podía hacer un hombre
tan pobre como yo!,
mi mujer moría casi enferma 
y sin dinero pa’ un doctor—
decía el hombre entre sollozos.



La mujer al instante
interrumpió:
--¡dice usted
que mujer tenía!
vil canalla, con razón..--
dijo ella sonrojada
y luego sollozó,


--perdone usted
tan distinguida y rica dama,
los reales que me dio
fueron pa su cura, pero ella,
¡la mujer que más amaba!
por desgracia
entre mis brazos
un mal dia se murió--
dijo el hombre, ahora de pie
apoyado en el balcón.


--usted me ha engañado
más ya entiendo la razón,
pero fue con mis reales
que compré su corazón,
somos dos infortunados
yo le otorgo mi perdón--
dijo aquella dama
y la espalda  allí le dio.



Pero el hombre, ahora un poco
más tranquilo, así le suplicó.
--oiga usted mi bella dama
no abandone a este señor,
¿qué no ve que estando viudo
necesito de su amor?--
La gran dama dió la vuelta
y muy sutil le contestó.
--ya no tengo mis reales,
soy ahora 
la más pobre del salón,
estas prendas,
el sombrero y el vestido
fueron un obsequio
que una dama muy gentil
hace poco me obsequió—
dijo ella humildemente
y el le contestó:


--no busco ahora sus reales
bella dama de salón,
sólo quiero que iniciemos
una nueva relación,
le prometo nunca más
abandonarla
y entregarle el corazón.
no hace falta el dinero
que ni es cura y nada sirve
en cuestiones del amor—
dijo el hombre
muy convencido
y ella entonces
si le aceptó.


La dama que una vez fuera
la más rica del salón,
al más pobre caballero
entregaba ahora
humildemente
así su corazón.


Autor:  Miriam R.
enero 2008
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